En Grecia fue fundada la Escuela Filosófica de los Cínicos, entre los siglos IV y III antes de Cristo por Antístenes. Según esta corriente, el hombre debería vivir de acuerdo con la naturaleza, y se inspiraba esencialmente en el perro.

Entre sus principios se encontraba que el hombre no debería actuar con vergüenza, como que despreciaban las leyes, los convencionalismos sociales e incluso las costumbres. Actualmente se les llama cínicos a quienes actúan con falsedad, en forma que no acepta valores o los interpreta según su personal punto de vista.

Hice la mención de esta corriente filosófica porque recordé que en el informe presidencial del primero de septiembre de 1978, el entonces Presidente José López Portillo, destacado universitario, que había sido catedrático en la Facultad de Derecho y un profesional de una gran cultura, expresó: “lo peor que le puede pasar a México, es convertirse en un país de cínicos”

Después de leer esa frase podemos agregar a las cualidades de López Portillo, que fue adivino y contempló ese escenario a 46 años de distancia.

Tristemente se ha llegado a ese escenario en muchas de las acciones de gobierno realizadas en esta administración. Entre muchas de esas posturas de desprecio a las leyes, valores y costumbres que deben normar la vida pública, podemos citar las siguientes.

Dejar de cumplir la obligación esencial del Estado de preservar el orden público se miro materializada en la expresión del Presidente, también López, pero muy diferente a Don José, cuando el actual mandatario anunció desde el principio que “no balazos, sí abrazos”. Expresión que debe ser reconocida como el mejor ariete para impulsar la impunidad

De la misma forma, otro desprecio a la ley, es cuando en vez de decir que espera que la Fiscalía de la República inicie las investigaciones para castigar a quienes destruyeron una puerta de nuestro Palacio Nacional, porque no es suyo, ha manifestado que para evitar confrontaciones le pidió a la Fiscalía que no investigue, y más se fijó, según declaró, en los tenis que calzaban los presuntos delincuentes, que al parecer le parecieron nuevos y se preguntó quién se los compraría.

Y para rematar esa intervención dijo que para reparar la puerta habrá de hacer una cooperación entre los servidores públicos, para cubrir su reparación. Antístenes, en donde esté, ha de sentirse orgulloso de quien se comporta como un seguidor de su escuela.

Pero como decía un conductor de televisión, “aún hay más” y podríamos decir, mucho más: el tren destructor de la ecología del sureste, que ha venido a destruir y contaminar la selva y cenotes, sin interesar que no se han cumplido los lineamientos ambientales.

La consulta popular para detener una obra, satisfizo un deseo o capricho presidencial que, vulnerando el orden jurídico, nos costó cientos de millones de pesos, sin ningún beneficio, ni combate a la corrupción como entonces se dijo.

El nombramiento de la Presidenta de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, que no cumplía los requisitos para ser nombrada en esa responsabilidad, en la que su presencia ha sido gris e inútil.

Desvirtuar las tareas castrenses y encargarle desde el mantenimiento de carreteras, administración de aeropuertos, construcción de vías férreas y todo aquello que se juzgue conveniente.

Por todo eso y más es que quienes tenemos el honor de ser mexicanos, miramos como premonitoras la frase que citamos de López Portillo.

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